"Vengo a orar por todos aquellos que han perdido la vida: por las víctimas de ambas partes; por las familias que sufren, como lo hice igualmente en Gran Bretaña.
Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto armado
".

ANUNCIO DE LA VISITA PAPAL
Era el miércoles 26 de mayo de 1982. Esa mañana a las 8:30 habían llegado de Roma los Cardenales Aramburu y Primatesta con Monseñor Aquiles Silvestrini, Delegado Pontificio.

Los Cardenales Argentinos habían estado pocos días en Roma llamados por el Papa para concelebrar con los Cardenales ingleses por la Paz en el conflicto de Las Malvinas, entonces en plena lucha.

Monseñor Silvestrini venía para anunciar oficialmente a las Autoridades Nacionales la visita del Papa los días 11 y 12 de junio de aquel año. Por la tarde llegaron a Luján para concelebrar y anunciar desde el Santuario de Luján a los Católicos Argentinos tan extraordinaria visita.

Era la primera vez que un Sucesor de San Pedro pisaría tierra argentina. La carta del Papa al Pueblo Argentino, fechada el día anterior en Roma, prefijaba una visita para orar ante la Madre de los Argentinos.

PREPARATIVOS EN LUJÁN
Al día siguiente el Rector de la Basílica, P. Rafael Carli, participó de una reunión de la Comisión Ejecutiva del Episcopado, en la que quedó establecido que el Santo Padre celebraría dos misas en la Argentina, la primera en Luján, el viernes 11 de junio a las 16 horas, y la segunda en Palermo, el sábado 12.

La Basílica asumió la organización. El escenario Papal se armó entre la puerta central de la Basílica y la verja a una altura de casi 4 metros. Se previó el lugar para todos los Obispos, alrededor de 120, y para la multitud de sacerdotes que se darían cita para concelebrar con el Papa.

Era una mañana fría y lluviosa ese 11 de junio. Autoridades Eclesiásticas y Nacionales en pleno estaban aguardando al Mensajero de la Paz. "Bendito sea el Señor que me hace llegar hasta esta querida tierra argentina", dijo el Papa en su primer mensaje."Mi presencia aquí quiere significar la prueba visible de ese amor, en un momento histórico tan doloroso para vosotros como es el actual".

A las 9 de la mañana aterrizó en Ezeiza el DC 10 de Alitalia que traía al ilustre personaje.

TRASLADO A LUJÁN
El Papa partió de la Nunciatura (Av. Alvear 1605 de la Capital Federal) alrededor de las 14 horas y por Avenida Rivadavia se dirigió a Luján en el "Papamóvil" hasta Morón y desde allí en el Tren Presidencial (construido por Alvear cuando fue presidente 1922-1928).

A lo largo de la interminable Avenida Rivadavia y en las estaciones del ferrocarril Sarmiento la multitud alborozada testimonió su adhesión y afecto al Santo Padre.

Entretanto, en la Plaza Belgrano, frente a la Basílica, la multitud expectante vibraba de entusiasmo y coraje. Desde el miércoles anterior empezó a animarse. Jóvenes de muy variados lugares y distancias tendieron sus carpas y bolsas de dormir para esperar.

La multitud fue creciendo y cubrió la plaza, las calles adyacentes y casi la totalidad de la Avenida de Ntra. Sra. de Luján: aproximadamente un millón de personas. La animación de los locutores había comenzado a las 9 de la mañana, y debía sostenerse toda la jornada. Se seguía por radio el itinerario del Papa y se comunicaba por la red de altavoces, noticia que era recibida con aplausos, vivas y estribillos.

EN LA BASÍLICA
En la estación de ferrocarril, el Santo Padre fue recibido por el Obispo de Mercedes, Mons. Emilio Ogñenovich

Al aparecer el Santo Padre sobre la Avenida Ntra. Sra. De Luján se estremeció la multitud y comenzaron a agitarse las banderas y banderines entre vítores y aplausos. Luego, Juan Pablo II fue a postrarse ante la Sagrada Imagen de Luján, bajada expresamente desde su Templete dorado para ser colocada al lado del altar Papal.

Su Santidad oró ante Ella. Luego se acercó a la bendita Imagen y le colocó el estuche abierto que contenía la Rosa de Oro que, con admiración inesperada de todos, como obsequio y distinción excepcional el Santo Padre ofrendaba a Nuestra Señora de Luján.

En la Misa acompañaron a Su Santidad el Cardenal Aramburu, Presidente de la Conferencia Episcopal y Monseñor Ogñenovich, Obispo local. La Escolanía del Socorro, dirigida por el Padre Segade, cantó y apoyó los cantos de la multitud.

La Misa fue televisada para todo el país.

DESPEDIDA DEL PAPA
Terminada la Santa Misa, el Santo Padre ingresó a la Basílica -cerrada al público- y quitados los ornamentos acompañó la Santa Imagen de Luján que lucía su corona auténtica y la Rosa de Oro que acababa de recibir de manos de Su Santidad.

El Papa se arrodilló en medio del presbiterio, rodeado de sacerdotes y de Mons. Emilio Ogñenovich recientemente nombrado Obispo de Mercedes. Concluida la oración, el Santo Padre se puso de pie e impartió la Bendición Apostólica.

Mientras en el ambiente y por los medios de comunicación resonaban todavía las palabras de la homilía: "Ante la hermosa Basílica de la Pura y Limpia Concepción de Luján nos congregamos esta tarde para orar junto al altar del Señor". "A la Madre de Cristo y Madre de cada uno de nosotros queremos pedir que presente a su Hijo el ansia actual de nuestros corazones doloridos y sedientos de paz". "A Ella, que, desde los años de 1630, acompaña aquí maternalmente a cuantos se le acercan para implorar su protección, queremos suplicar hoy aliento, esperanza, fraternidad..." "En este Santuario de la Nación Argentina, en Luján, la liturgia habla de la elevación del hombre mediante la cruz: del destino eterno del hombre en Cristo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María de Nazareth..." "Sabed ser también hijos e hijas de esta Madre, que Dios en su amor ha dado al propio Hijo como Madre".
El Papa dejó la impresión de estar muy triste. Se estaba en la batalla final por Las Malvinas. El 14 de junio cesaba el fuego. Desde el 2 de abril se rezó mucho ante la Madre de la Patria por la paz, por los soldados, por las víctimas de tanta crueldad.