Por
los años 1684 sucedió que el Padre Pedro Montalbo
enfermó gravemente de unos ahogos asmáticos que
en poco tiempo le redujeron a tísico confirmado. Fue entonces
cuando decidió ir a visitar a Nuestra Señora con
ánimo de vivir o morir en su compañía.


Luego,
Manuel, tomó de los abrojos que solía guardar al
despearlos del vestuario de la Imagen los mezcló con un
poca de barro que sacudía de sus fimbrias, y realizó
un cocimiento. Se lo dio de beber al Padre Pedro en nombre de
la Santísima Virgen y con solo este remedio quedó
libre de sus ahogos y enteramente sano. En agradecimiento don
Pedro se quedó como Capellán de la Virgen y la sirvió
diez años continuos con singular devoción y esmero,
asumiendo la construcción de la capilla.
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Poco
antes de llegar a la vivienda de doña Matos, era tan mal
el estado en el que se encontraba que lo dieron por muerto. Lo llevaron
como pudieron y el negro Manuel le ungió en el pecho con
el sebo de la lámpara y de esa manera volvió en sí.
Luego le dijo que creyese que se iba a sanar perfectamente de su
enfermedad, porque su Ama (así llamaba a la Virgen) lo quería
como su primer Capellán, y que así había de
suceder.


El
nuevo Capellán prosiguió la obra con tal empeño
que en 1685 la Imagen fue colocada en la nueva Capilla, conocida
como la Capilla de Montalbo, ubicada en lo que es hoy la intersección
de las calles San Martin y 9 de julio, a metros de la actual Basílica.
Murió el 1 de febrero de 1701.
En sede vacante, el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires
creó el 23 de octubre de 1730, la parroquia de Nuestra Señora
de Luján. Como primer párroco fue nombrado el doctor
José de Andújar, quien ya actuaba como colaborador
en esta Capellanía. Permaneció hasta 1738, año
en que pasó a la Catedral de Buenos Aires.
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